El morteruelo es un plato tradicional de la gastronomía castellano-manchega, especialmente típico de Cuenca.
Historia
El morteruelo tiene raíces muy antiguas: se remonta a la Edad Media, cuando era un guiso popular entre pastores y cazadores. Originalmente, se elaboraba con carnes de caza menor —liebre, perdiz, conejo— que se cocinaban lentamente y luego se trituraban para formar una especie de paté caliente.
Su nombre proviene de “mortero”, porque la mezcla se machacaba en este utensilio para lograr una textura homogénea. Era un plato de invierno, muy calórico, ideal para soportar el frío intenso de la meseta castellana.
Con el tiempo, su preparación se adaptó a los ingredientes disponibles en cada hogar, convirtiéndose en uno de los estandartes de la cocina conquense.
Comentario gastronómico
El morteruelo destaca por su sabor intenso y especiado. Su textura es cremosa, similar a un paté caliente, y combina muy bien con pan rústico. Aunque es un plato humilde en origen, requiere paciencia y tiempo, lo que le da un carácter artesanal. Además, refleja la cultura de aprovechamiento de la cocina tradicional, donde nada se desperdiciaba.
Hoy en día, suele servirse como entrante en restaurantes típicos y en celebraciones locales.
Receta tradicional (versión clásica)
Ingredientes:
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1 liebre o conejo (también se puede usar pollo si se desea una versión más suave)
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1 perdiz (opcional)
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200 g de hígado de cerdo
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100 g de panceta
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1 litro de caldo de cocción de la carne
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Pan duro (para espesar)
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Ajo, laurel y perejil
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Comino, clavo y pimienta
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Sal al gusto
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Aceite de oliva
Preparación:
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Cocer la carne: hervir la liebre, perdiz y panceta con laurel y sal hasta que esté tierna. Reservar el caldo.
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Freír el hígado: dorarlo en aceite con ajo y reservar.
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Desmenuzar la carne: quitar huesos y piel, y picarla muy fina.
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Preparar la base: en una sartén grande, freír un poco de pan desmenuzado. Añadir el caldo poco a poco para formar una masa.
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Machacar: incorporar las carnes y el hígado, triturar o machacar para conseguir una textura uniforme.
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Condimentar: añadir comino, clavo, pimienta y sal al gusto. Cocer lentamente hasta que espese.
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Servir caliente, acompañado de pan.
Sugerencia personal
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Si prefieres una textura más suave, puedes usar batidora en lugar de mortero.
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Es recomendable dejar reposar unas horas para que los sabores se integren mejor.
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Acompáñalo con un vino tinto de la región para una experiencia tradicional completa.






