La coliflor llegó a Europa desde Asia Menor en la Edad Media y se popularizó en la cocina mediterránea. En Francia, durante los siglos XVII y XVIII, comenzó a prepararse con salsas blancas (bechamel) y queso, lo que dio origen a la coliflor gratinada que hoy conocemos.
Se convirtió en un plato apreciado tanto en la cocina casera como en la alta gastronomía, especialmente en Francia e Italia. En España y América Latina, se adoptó como receta cotidiana, adaptándola con quesos locales y variaciones según la región.
Receta de coliflor gratinada clásica
Ingredientes (4 personas):
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1 coliflor grande
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2 cucharadas de mantequilla
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2 cucharadas de harina
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½ litro de leche
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Nuez moscada al gusto
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Sal y pimienta
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150 g de queso rallado (emmental, gouda o mozzarella, según preferencia)
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Un poco de pan rallado (opcional, para darle un toque crujiente)
Preparación:
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Lava y corta la coliflor en ramilletes.
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Hiérvela en agua con sal durante 8-10 minutos, hasta que esté tierna pero firme. Escúrrela bien.
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Prepara una salsa bechamel: derrite la mantequilla en una cacerola, añade la harina y mezcla hasta formar una pasta. Incorpora la leche poco a poco, removiendo hasta que espese. Sazona con sal, pimienta y nuez moscada.
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Coloca la coliflor en una fuente para horno engrasada.
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Cubre con la bechamel y espolvorea el queso rallado (y pan rallado si lo deseas).
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Gratina en el horno a 200 °C durante 10-15 minutos, hasta que la superficie esté dorada y crujiente.
Comentario
La coliflor gratinada es un plato que combina sencillez y elegancia. Es nutritivo, saciante y convierte una verdura humilde en una preparación sofisticada gracias al gratinado. Se adapta fácilmente: se puede añadir jamón, pollo, tocino o sustituir la bechamel por nata. Además, es ideal tanto como guarnición como plato principal ligero.








